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ANÁLISIS: Bloodborne [10/10]

Valoración del Usuario: 5 / 5

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Es una realidad que a medida que envejecemos cada vez vamos haciendo más nuestro el dicho de “cualquier tiempo pasado fue mejor”. La gente a la que nos gustan los videojuegos no somos una excepción y es por eso que muchos miran los juegos de hoy con cierto desprecio y eligen refugiarse en los clásicos, lo retro y en lo que los más extremistas denominan como juegos de verdad. Para muchos los juegos actuales han perdido la esencia de los orígenes y han dado lugar a títulos que te llevan de la mano con tutoriales que casi te explican cómo encender la consola, checkpoints cada dos pasos para que no pierdas ni un ápice de progreso y niveles de dificultad que casi te permiten jugar con una mano atada a la espalda o sumirte en un monótono aporreo de botones que no te exige nada. En mi opinión esta es una visión muy pesimista sobre el panorama actual y poco fiel. Estoy de acuerdo en que los juegos de hoy son más fáciles pero también es debido a que ahora llegan a más público, así que han tenido que adaptarse y convertirse en un producto que llega a millones de personas en lugar de a los cuatro o cinco jugones de antes. También es cierto que gracias a esto el número de títulos que llegan a nosotros es mucho mayor, la oferta del mercado es más amplia y podemos encontrar juegos para todos los paladares, incluso para los más exigentes y anclados en lo que llamamos old school.

Allá por 2009, From Software debió escuchar las plegarias de los que clamaban por juegos cuya dificultad les hiciera lanzar la consola por la venta y en respuesta ellos lanzaron Demon’s Souls. Un título que revoluciono la industria y que volvía a inculcarnos la importancia de mantener vivo a nuestro personaje. Morir en Demon’s Souls te devolvía a ese sentimiento de frustración que suponía morir en un juego de una maquina árcade y que no tuvieras más dinero para continuar, o su equivalente en versión consola, perder todo el progreso de una tarde. Demon’s Souls se convirtió rápidamente en un juego de culto y ello posibilito la llegada de más juegos de este tipo hasta constituir lo que muchos conocen hoy como la saga Souls. Podría hablaros durante muchas páginas de las cientos de horas que he pasado en estos juegos pero en lugar de eso prefiero hablaros de las que he pasado en el último título de From Software, Bloodborne. Como ya lo hiciera Demon’s Souls, Bloodborne llega en exclusiva para la última consola de sobremesa de Sony y viene con el objetivo de convertirse en un baluarte, una razón de peso para hacerse con una PS4 e insuflar de vida a una generación de consolas que aún no termina de explotar. ¿Lo consigue? ¿Es Bloodborne la nueva sangre que necesitamos y esperábamos?

La saga Souls siempre se ha caracterizado por ser muy ambiciosa artísticamente pero algo torpe en la implementación gráfica y técnica de esto. Bloodborne rompe esta tendencia. Como sus antecesores, es un mastodonte a nivel artístico pero con unos gráficos muy solventes. Nuestros primeros momentos en la ciudad de Yharnam nos trasportan a una versión decadente del Londres victoriano. Una ciudad que antaño fue gloriosa y que ahora está carcomida por la podredumbre de una maldición. La escenografía es bastante poderosa a lo largo de cada uno de las pantallas de Bloodborne y cada localización está llena de elementos estéticos que dan riqueza a los escenarios y a la ambientación de los mismos. La arquitectura de algunos edificios impresiona bastante y el diseño de niveles es excelente haciendo que nos movamos en un laberinto lleno de secretos que debemos desentrañar a fuerza de explorar y mantener los ojos bien abiertos.

Técnicamente Bloodborne se comporta muy bien moviéndose a 30 FPS estables en todo momento con una resolución full HD. Esto tiene bastante merito si tenemos en cuenta la cantidad de elementos que hay en los escenarios y la cantidad de enemigos que aparecen en pantalla en algunas partes del juego. Por no hablar de que en un juego como este una tasa de framerate es imprescindible para poder jugar bien. Si ya vamos al detalle, las texturas de todo el juego son bastante sólidas. Desde los personajes hasta los escenarios y sus elementos, todo muestra un grado de detalle impresionante. Algunos ejemplos de esto son la sangre y  como nuestro personaje se va manchando la ropa con cada pelea, el vuelo de algunos ropajes, el pelaje de algunas criaturas, los adornos del atrezo de los escenarios, etc. La iluminación también juega un papel muy importante en la apariencia de los escenarios y por eso se ha cuidado hasta el extremo para dar al mundo del juego una apariencia decadente y en algunos momentos intimidante.

No quiero dar por concluida esta parte del análisis sin comentar la excelente implementación de las físicas. Tanto los movimiento de los personajes, final bosses y elementos del escenario responden a una calibración minuciosa que nos regalara detalles visuales como el movimiento de un farol que chirria por el viento. El mismo viento que hace que nuestra capa se mueva o que mece el pelaje de una enorme criatura que intentara darnos muerte. En definitiva, From Sotfware ha puesto todo el mimo por el detalle grafico que les faltaba a sus predecesores y se nota.

Que se haya mejorado el apartado grafico es siempre positivo pero los Souls no serían nada sin esa jugabilidad que les hace grandes. Esas batallas pausadas donde debes medir bien tus movimientos y donde ataque y defensa son igual de importantes. Motivo por el cual llevar un buen y gran escudo siempre ha sido obligatorio para la mayoría de jugadores de este tipo de juego. Bloodborne ha llegado para cambiar eso y directamente se carga los escudos tornando la manera de jugarlo en algo que puedo describir con el título de la canción de Iron Maiden “Be quick or be dead”. En definitiva todo es una cuestión de tempo, de ser el más rápido o de golpear lo suficientemente rápido como para recuperar la vida que pierdas con el golpe de un enemigo gracias a la sangre que hagas brotar de él. Esquivas, dasheos, contraataques y buscar la espalda a los enemigos, son las principales herramientas para evitar a la muerte. Además, la perdida de escudo es compensada por la posibilidad de llevar un arma de fuego que juega el importante papel de ser el elemento con el cual podemos hacer parry a los enemigos para romper su defensa. Como podéis ver, los cambios en el combate no son muchos pero si lo suficientemente sutiles para que, sin perder la esencia de los títulos anteriores, el sistema de combate sea algo nuevo. Francamente todo un acierto por parte de From Software.


En cuanto a la dificultad, los Souls siempre han portado la fama de ser juegos muy difíciles. Mentiría si os dijera que no es una afirmación cierta, aunque yo siempre digo que más que difíciles son exigentes, ya que te obligan a jugar bien y te castigan cuando quieres hacer las cosas machacando botones sin ton ni son. Bloodborne a ese respecto es fiel al espíritu de sus predecesores e incluso me atrevo a decir que en algunas situaciones va algo más allá. La inteligencia artificial mejorada y las situaciones ante las que nos pone nos obliga a reciclarnos, a inventar nuevas estrategias para que salgamos de la zona de “confort” que nos hemos creado en Demon’s y Dark Souls. De esta forma consigue ser desafiante y alejarse de la odiosa definición de “más de lo mismo” que muchos emplean de forma despectiva para describir de forma superficial un juego.

A parte de la historia, en el modo de un jugador nos encontramos las novedosas Mazmorras Cálice. Básicamente son estancias que se generan de manera procedural, como sucede en Rogue Legacy, y que están llenas de enemigos, llegando a contar con final bosses propios distintos a los de la historia principal. Estas mazmorras son completamente opcionales y jugarlas solo redundara en prolongar más el tiempo que pasemos en Bloodborne. Para los fans de los Souls y los juegos roguelike todo un sueño hecho realidad. Respecto a las funciones online de Bloodborne no hay novedades con lo visto en anteriores juegos de este estilo. Tenemos la posibilidad de invocar a otros jugadores para que nos ayuden o ser invocados por otros además de las clásicas invasiones con las cuales buscar pelea y amargar el día a algún desconocido que puede buscar venganza del mismo modo. Sigue presente la posibilidad de dejar mensajes para otros jugadores a modo de aviso o trampa y las clásicas manchas de sangre que nos muestran los últimos instantes de la vida de un jugador que ha pasado por la localización en la que nos encontramos. Todo lo que ha caracterizado a los Souls desde sus inicios y que supuso una revolución para el juego online.

Bloodborne continua con la tradición de no tener banda sonora durante el desarrollo del juego y sustituir lo musical con una selección de efectos especiales diseñados para transmitirnos la dureza de un combate mediante el sonido de las armas y los golpes, crear tensión con quejidos y ruidos chirriantes o susurrantes que vienen de zonas poco iluminadas, y un largo etcétera que tiene como objetivo crear una atmosfera opresiva, intimidante y que quiere que nos sintamos como el cazador que puede ser cazado en cualquier momento. Donde sí podemos disfrutar de piezas musicales es durante los combates con los final boss del juego. La música durante estas batallas suele combinar épica, pero también desesperación o una sensación de “todo está perdido”. Todo depende del enemigo que tengamos delante, ya que la música está hecho para complementarle. Son piezas orquestales de gran calidad y que se hacen rápido un hueco en la memoria.

Como novedad respecto a sus antecesores, Bloodborne ha sido doblado al castellano contando con un casting de voces conocidas por ser habituales en doblajes de grandes superproducciones del mundo de los videojuegos.

Bloodborne es una genialidad de principio a fin. Una obra llamada a convertirse en un clásico no solo por su buen hacer en el apartado artístico y gráfico, que también, sino porque es capaz de hacer un juego distinto introduciendo sutiles cambios en una formula ya vista en los juegos de la saga Souls. Lo último de From Software es producto de una obsesión por mejorar donde solían fallar y por refinar hasta el extremo aquello que se les da rematadamente bien. Dando así lugar a un título que constituye todo un reto para los habituales de sus juegos y para aquellos que vean en Bloodborne una ocasión para subirse al carro. Así que en respuesta a las preguntas que hacía en la introducción solo puedo decir que si, este es el juego que PS4 necesitaba, un juego por el que merece la pena tener la consola de Sony y que devolverá la fe a los que creen que los juegos ya no son lo que eran y que reforzara la de aquellos que nunca hemos dejado de creer.

 

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